Tengo quebrantado el corazón,
Nunca supe cómo fue que paso,
Mientras me hundía en el centro de tus pechos
O cuando bailaba un danzón.
Cuando me sacaron esa muela
Y la inyección de la epinefrina
Me provoco en el pecho un tambor
Toda luna, todo año, todo dia, todo viento, camina y pasa tambien, tambien toda sangre llega al lugar de su quietud.
Tengo quebrantado el corazón,
Nunca supe cómo fue que paso,
Mientras me hundía en el centro de tus pechos
O cuando bailaba un danzón.
Cuando me sacaron esa muela
Y la inyección de la epinefrina
Me provoco en el pecho un tambor
Cuando tenga hijos
Voy a enseñarles a escribir todo lo que sientan
Todos los sueños y pensamientos que no quieran olvidar.
A expresar su voz en palabras escritas.
A llevar un diario si quieren
O a imprimir un nuevo periódico día a día
Alguna vez aprendí a desahogarme en palabras
y evité la muerte aprendiendo el desangré en poesía.
Y
es ahora que he llegado a esta edad
Que he acumulado mi pequeña fortuna,
Un montón de poemas jamás leídos,
Cicatrices internas de las que
nadie sabe su brillo.
Tengo los papeleros llenos de las
hojas de mis otoños
Entre mi pensamiento diferente e irracional
Y un conocimiento desigual.
Es ahora que entiendo de verdad
De que no me merezco toda esta riqueza
A veces puedo ver como va a morir la gente
Es como una sombra detrás de sus cabezas
La cual me muestra cómo se vería ese momento
Cuando así suceda.
A veces esa sombra toma su brazo izquierdo
Y se siente frío.
Y uno escucha un murmuro
Pero nadie está hablando.
Es el viento frío que nubla mi mirada,
Y me hace ver sombras donde no hay nada,
Y murmura nombres al pasar por mi espalda
Que cada quien viva su propia vida
La tuya aparte de la mía
Yo la mía apartándote de la nuestra
O de la suya
O como sea.
Sigue tu camino
Que yo me voy por otra ruta
No es que te llame puta
Pues yo no te puedo decir
Nunca lo mismo de mí.
¿Quién habla de las visitas de los labios a
otros labios que no sean los nuestros?
Es el dulce néctar llamado tentación
Del sabor de la traición
Pues dices es lo que necesitas
Esa parte emocionante de la vida
Que aún no encuentras en mi
Es esto mío
Lo que protejo y yo nunca te quise dar.
Fidelidad.
Que cada quien viva su propia vida
Tu aparte de la mía
Yo la mía apartándote de la nuestra
O de la tuya
O como sea
Sigue tu camino
Que yo me voy por otra ruta
No es que te llame puta
Pues yo no te puedo decir
Nunca lo mismo de mí
¿Quién habla de las visitas
De los labios a otros labios
Que no sean los nuestros?
Es el dulce néctar llamado tentación
Del sabor de la traición
Pues dices es lo que necesitas
Esa parte de la vida
Que aun no encuentras en mi
Es eso mío
Que yo nunca te quise dar
Ya es lo único que me duele en la vida
La parte distal de la pantorrilla
O el hueso interno de la misma pierna
Sobre todo en los días fríos y desolados.
Cuando no se asoma el sol,
Y tengo los cordones desatados.
No hay una mano amiga, que ponga el dedo en el nudillo para atarlos.
¿Alguna vez
has pensado que siempre relacionamos a las personas con ciertas cosas?
Me parece
bastante curioso y absurdo, como es que yo llegue a relacionarte con un gato.
No fue por tus
ojos grandes, o su gran agilidad, tampoco por el misterio de tú oscuridad.
A veces llegue
a pensar que pudo ser lo suave de su pelaje, y lo limpio que lo mantienen.
Tal vez las
lamidas.
Pero eso solo
fue a veces, no siempre, no casi nunca, sólo nueve vidas.
Dicen que la
curiosidad mato al gato, y no puede haber un buen poema sin mencionar la frase.
Y dicen que no
puede haber papilas gustativas de la lengua que no formen saburra de un día
para otro cuando lamen, o se lavan.
Pero a ti, ya
hace mucho se te murió la curiosidad, por lo menos la curiosidad de mis poemas,
y la curiosidad de mis labios. Se te han apagado los besos. Ahora das otro tipo
de besos, o lengüetazos.
No tienes
orejas puntiagudas, ni garras finas. Tienes nariz de bolita, pero no siempre estaba
húmeda. Excepto cuando llorabas, como los gatos, como ellos lloran.
Siempre pude
encontrar una trágica relación de estremecimiento con tú vida y con los gatos.
Los gatos son
seres nocturnos, que siempre saben regresar a casa. Pero tú, tú no querías
volver a casa. Muchos gatos sufren por no poder hablar a sus amos, porque dicen
que, si se atreven a mencionar una palabra, eso significaría su muerte.
Una vez escuche
hablar a un gato, y ese gato decía mi nombre. Lo escuche debajo del auto, o en
la esquina del patio. Ese gato vivió conmigo muchos años.
Nosotros
nombramos igual a los gatos, pero en macho y hembra.
Cof cof: La onomatopeya
más fácil de saber si fumas, o tienes pelos en la garganta.
Tú, siempre caíste
de pie, y yo, me he caído “sentao”
¿Ves los rayos de sol
Reflejados en la luna?